Horas después de que se conociera el auto de imputación emitido por el juez Calama contra José Luis Rodríguez Zapatero, las reacciones de nuestros queridos políticos no se han hecho esperar. Algunas de ellas se han verbalizado incluso desde el hemiciclo del Congreso de los Diputados, donde la izquierda socialista ha dejado claro su total apoyo al gachó que tanto ha hecho por el guerracivilismo español
Por su parte, el portavoz de la zarandaja de la izquierda separatista, alias Rufián, ha dicho que está “jodido”, que se ha leído –permítanme que lo dude– los 85 folios del auto de imputación contra ZP y ha concluido que “está muy bien escrito”, que si “esto es verdad es una mierda y que si no lo es, también”. Y ha añadido que, a pesar del afecto que profesa al expresidente, a quien agradece todos sus esfuerzos por colaborar estrechamente en la puesta en libertad de los golpistas catalanes, también “tiene ojos”, por lo que intuimos que antes o los tenía cerrados o la venda del sectarismo no le permitía ver más allá de sus narices. Ha dado su intervención por concluida aclarando a sus señorías que la izquierda “somos otra cosa” y ha advertido a los jueces que "dejen de hacer política porque el PP ya gana las elecciones". Todo ello a la sazón y en el considerado estilo de quien no es más que una piñufla política, un mangarrán de orinal y palangana y un mamporrero del independentismo catalán que hace honor a su apellido.
En la misma línea se ha expresado la portavoz de Podemos, alias la niña de la curva, que ha pasado de acusar al juez Calama de "lawfare" contra el PSOE para terminar diciendo que “pinta fea”, digo “feo”. Y es que Belarra sabe sumar algo mejor que su otrora compañera de aventuras, la tal Yolanda Díaz, alias doña Tucán. La navarra ha despegado los deditos de los puños para descubrir en la aritmética andaluza el albañal por el que desagua la inmundicia de su formación política. Así que ahora toca apretarse los machos y cambiar de discursito por lo que pueda venir.
Pero no nos llevemos a engaño por esta retórica fabricada con falsa tinta y pensemos equivocadamente que los actuales socios de la extrema izquierda del gobierno darían su apoyo ante la tanteada moción de censura por parte del PP o que, en el mejor de los escenarios, rompieran su alianza política con el caudillo Sánchez. Y menos aún que desde la extrema derecha y xenófoba de Junts hicieran de tripas corazón y secundaran una moción de censura al alimón con los ultras de Vox. Ni hablar del peluquín. A todos estos galloferos y pintamonas de la política les va muy bien con el secuestro fiscal y el expolio de los españoles. Por muy responsable que sea el presidente del gobierno sobre los presuntos delitos que se le imputan a Zapatero, no dejarán que caiga ni por asomo.
¿Y qué dicen los del PNV? A día de hoy, más allá de su impostada incomodidad con Sánchez e instarle a dar una explicación urgente, no parece que los mismos que en su día apelaron a la ética contra la corrupción para tumbar a Rajoy vayan a mover un dedo para sacar de la Moncloa a la exprimidora vasca. Ni mucho menos. Aquel “Luis, sé fuerte” con el que por menos apuñalaron a Rajoy no parece que ahora, con un tal José Luis por delante, apele en la misma medida a las conciencias nacionalistas vascas. Ellos a lo suyo: a trincar y a mamar de la teta del Estado español. Todo sea por la pasta.
En cualquier caso y, a pesar de que los números no dan, la obligación política y moral del principal partido en la oposición es presentar cuanto antes una moción de censura. El riesgo a perderla es evidente, pero la oportunidad política de retratar a mercachifles, ganapanes y a tanto presunto delincuente político es única. Ante la disyuntiva de la conformidad o comodidad política y la presunta actividad criminal de un gobierno, el señor Feijóo no tiene otra opción, más aún cuando quien nos gobierna es un autócrata sin escrúpulos, sin una onza de ética y sin ninguna dignidad política; un tipo que está enfermo de poder y quiere preservarlo a cualquier precio, cueste lo que cueste, incluso a expensas de la democracia y del Estado de Derecho.
Así que, señores del PP, dejen a un lado el tacticismo político, descarten unas elecciones anticipadas, porque el infame colaboracionista de dictaduras caribeñas no se va ni con agua caliente y pónganse manos a la obra con la más que nunca necesaria y urgente moción de censura. El tiempo apremia.












