La
presunta trayectoria delictiva del expresidente del Gobierno, imputado por
blanqueo de capitales, tráfico de influencias y pertenencia a organización
criminal, no puede explicarse sin la colaboración necesaria del actual
presidente del Gobierno. Ambos han constituido una red de intereses espurios de
la que se ha beneficiado el primero con la aquiescencia del segundo: un
engranaje delictivamente perfecto donde la influencia de ZP se ha materializado
gracias al poder de P. S.
La imagen de aquel individuo que se paseaba por el mundo dando lecciones de ética, de socialismo solidario, de derechos humanos y de una utópica “Alianza de Civilizaciones” se ha desmoronado como un castillo de naipes. El mismo que señalaba a los ricos por tener mucho y dar poco resulta que atesoraba en una caja fuerte un suculento botín de joyas y diamantes del que, hasta ahora, no ha acreditado su origen. ¡Qué hipócrita tan repugnante! Tanto o más que don Pedro, alias “el one”, posible colaborador necesario en el presunto enriquecimiento ilícito de don José Luis, de oficio “comisionista” que habría utilizado presuntamente contratos ficticios y sociedades pantallas con las que engordar su ilícito negocio, incluida la de sus propias hijas.
El
horizonte judicial de ZP es negro, muy negro. La cosa ante el Juez Calama pinta
mal: la reciente declaración en sede judicial de su testaferro, Julio Martínez,
implica al expresidente en el cobro de suculentas comisiones tras el millonario
rescate de la aerolínea Plus Ultra. Sin embargo, todas las miradas, sobre todo
la judicial, deberían dirigirse a quien ha facilitado toda esta presunta trama.
A saber: el marido de Begoña Gómez, el valedor necesario, el cómplice
ideológicamente comprometido con el progresismo de pacotilla que comparte con “el
cejas”.
El rescate
de Plus Ultra fue aprobado en la sombra del Consejo de Ministros a pesar de los
informes técnicos desfavorables que advertían de su inviabilidad. Sánchez no sólo
despreció la evaluación de los órganos supervisores, sino que además actuó con
desdén y soberbia apadrinando un dispendio millonario tan inmerecido como
impropio, convirtiendo el Consejo de Ministros en un mero apéndice del asalto a
las arcas públicas. Vamos, lo más parecido a una peli de gánsteres en la que el
golpe lo organiza el capo Sánchez, una banda de ministros y la ya imputada
cúpula de la SEPI. Y, por si fuera poco, todo ello con un trasfondo mafioso
asociado con el narcotráfico internacional: la conexión venezolana, desde donde
“el cejas” ejercía de “comercial diplomático” con epicentro en Caracas. Sin
olvidar, en el posible reparto, otras operaciones en China o Marruecos, donde
la frenética agenda diplomática del Gobierno de España evidencia una sintonía
más que sospechosa con la actividad de los negocios de Zapatero. Quien parte y
reparte se lleva la mejor parte…
La
justicia, como ya sabemos, tiene sus plazos, pero es implacable. Pretender que
el delito prescriba o perseguir la nulidad del proceso judicial frente a la
abrumadora evidencia de pruebas que se avecina es inútil. Zapatero y Sánchez
saben muy bien que la trama de Plus Ultra es solo la punta del iceberg. Las
investigaciones apuntan a un entramado mucho mayor que vincula la financiación
del PSOE con los petrodólares venezolanos de la siniestra PDVSA. Así que es
solo cuestión de tiempo que al galgo de Paiporta le aten en corto con la correa
de la justicia, por mucho que ahora ladre contra el poder judicial y por mucho
que “el cejas” quiera convencernos de su inocencia con excusas evanescentes y
televisadas. Un abyecto ejercicio de absoluto cinismo con el que pretende
maquillar su presunta responsabilidad criminal y, por supuesto, la del jefe de
la mafia que nos gobierna presuntamente.










